cuando decidí poner en escena "Max",
el primer problema que tenía que resolver era como establecer un código
o lenguaje escénico adecuado para la representación de este texto.
Desde mi punto de vista, el montaje de "Max" requería soluciones
"extraordinarias", para enfrentar las, también extraordinarias,
dificultades presentes en el texto.En esta obra de JUAN BENET, la disolución del espacio y del tiempo
(casi sería más apropiado decir "la fusión del espacio y el tiempo")
juega un papel fundamental. Esta cuestión plantea un primer problema
a ser resuelto. Del mismo modo, la dificultad física de realizar las
caídas sistemáticas del protagonista, así como la necesidad de representar
al público como un personaje más de la obra, me llevó a diseñar una
puesta en escena capaz de integrar diferentes recursos narrativos
y visuales, fuesen o no, propios del medio teatral.
Finalmente, la opción elegida como punto
de partida para resolver todas estas cuestiones, fue la utilización
de títeres en lugar de actores.
De alguna forma, todos
los que trabajamos en este espectáculo, hablamos de nosotros mismos,
y el distanciarnos de los personajes desde la relación manipulador-títere,
nos posibilita unas posibilidades dramáticas y semióticas mucho más
amplias y apropiadas para la puesta en escena de este peculiar texto.
Los personajes de Max son depositarios de una gran carga arquetípica
y simbólica, y según mi opinión, sólo desde la abstracción de sus
atributos como significantes se puede plantear su existencia escénica.
Los títeres, poseedores de un enorme potencial simbólico nos han facilitado
dicha abstracción, hasta el extremo de que una vez montada la obra,
nos resulta prácticamente imposible imaginar a los personajes de "Max"
como seres humanos "reales". El poliester y el aluminio
han sustituido a la carne magullada del desventurado acróbata.
Por otra parte, tal y
como se desarrollan las escenas claves de la obra, encontraba extremadamente
interesante el hecho de establecer un contraste entre la magia cautivadora
e hipnótica de los títeres y el distanciamiento planteado por el actor-manipulador
que da vida y voz al títere, un contraste entre la percepción de un
fenómeno "mágico" y la intervención de la razón del espectador.
La necesidad de materializar
en término de imágenes al público/personaje, dotar a las caídas de
Max de una representación visual acorde con su importancia dramática,
el refuerzo de determinados pasajes de la obra (Prácticamente desprovistos
de acción dramática) y la necesidad de dilucidar, exponiendo con claridad,
las distorsiones espacio-temporales expuestas en el texto; me ha conducido
a elegir como recurso expresivo la utilización de proyecciones de
vídeo de gran formato, cumplimentando de forma absolutamente integrada
en la dramaturgia, los elementos visuales precisos para la vertebración
de la puesta en escena.
Sentadas las bases técnicas
sobre las cuales materializar nuestra propuesta dramatúrgica, optamos
por circunscribir los parámetros estéticos sobre los cuales definir
toda la plástica del montaje, que en esta ocasión era uno de los pilares
fundamentales de la puesta en escena.
La atmósfera decadente
de este circo intemporal, nos llevó casi desde el primer momento hacia
un universo plástico próximo al expresionismo, hacia un retorcimiento
de los espacios, perspectivas forzadas, contrastes dramáticos de luces
y sombras... De este modo, y a partir de estas referencias, tamizadas
por una sensibilidad contemporánea, todos los que trabajamos en esta
función tratamos de enfocar nuestra visión individual de la obra dentro
de un único enfoque plástico, consiguiendo crear un único de universo
visual acorde con el delirante texto de Juan Benet. Durante este proceso
de trabajo, nos sumergimos, de la mano de Max, en un proceso de investigación
en el que hicimos converger diversos lenguajes narrativos, de forma
que construyan una única linea de significados. El vídeo pregrabado
y tratado digitalmente convive con imágenes captadas por una microcámara
en tiempo real durante la función, que a su vez está siendo realizada
por actores que manipulan títeres... Sin duda , lo que me sigue sorprendiendo
del resultado final, es la sensación de sencillez que, paradogicamente,
impregna el montaje de este texto "imposible", revestido
de tal complejidad técnica en todos los aspectos de su puesta en escena.
Carlos Nuevo Ferrero
